TOROS EN PROVINCIA...
VIERNES 16 DE AGOSTO 2.013..
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Luís Bolívar nació en Colombia pero, su carrera, desde sus inicios se fraguó en España, la tierra que él tanto ama, la que le convirtió en matador de toros y la que, pese a muchas dificultades, le ha dejado ser lo que ahora es, un honrado matador de toros, un torero apasionado por su profesión que, como sabemos, justamente, en el día de su alternativa, que hace poco se cumplieron los primeros nueve años como matador de toros, en dicha tarde, casi que se deja la vida en el ruedo de Valencia.
Pese a sus condiciones, a su valor y tesón, tras todos estos años, Bolívar no ha tenido todavía el refrendo de Madrid, una plaza que le respeta, pero que le falta dar el aldabonazo grande para que su figura empiece a brillar como lo consiguiera en su momento su compatriota el gran César Rincón, el colombiano más universal de todos los tiempos. Luís Bolívar no desfallece. Él conoce mejor que nadie la profesión, sus dificultades, sus sinsabores, las cornadas y todo lo duro que suelen encontrarse los toreros en su profesión. Nos encontramos, además de con un buen torero, un hombre abnegado que, para colmo, hasta tiene que luchar contra la adversidad de que se le considere extranjero. ¡Como si el arte supiera de nacionalidades!
-Por cierto, Luís, ¿has tenido alguna vez la sensación de que te han tratado como un extranjero, olvidándose de que eres torero?
He sufrido las mismas adversidades que pudiera sufrir cualquier torero, de la nacionalidad que fuere. Aquí, como sabes, los problemas son los mismos para todos. El toro no sabe de qué país soy. -Para todos los de abajo me quieres decir, ¿cierto? Es verdad que unos hombres tenemos más problemas que otros; es cuestión de suerte algunas veces, en ocasiones, de los propios errores de cada cual. Pero en calidad de individuo, como todo mortal, estoy aquí para buscar soluciones porque buscando culpables no solucionaría nada. -Has dicho bien, en ocasiones la suerte no te ha querido sonreír, de forma muy concreta en Madrid que, no hay manera de que te embista un toro de verdad. ¿Frustra eso? Para desdicha de la fiesta, a tenor de todo lo que estamos viendo, por culpa de la crisis, de las circunstancias, llámalo como quieras, ya no sirven ni los triunfos en Madrid; pero sí, mucho me agradaría que me saliera ese gran toro para sentirme realizado en Las Ventas, más como satisfacción personal, antes que esperar mejores resultados. -Cómo ha cambiado el mundo del toro, Luís. Hace veinte años, cortar una oreja en Madrid era sinónimo de salir disparado hacia las ferias y, llegado el caso de tu compatriota César Rincón, con aquellos triunfos tan indiscutibles, ya viste, Rincón tocó la gloria con sus manos. Algo está fallando, ¿no te parece? Sí, por lo que veo, están fallando muchas cosas en la sociedad española, en el sector que fuere, ahí vemos cómo aparece la maldita crisis que tanto daño nos está haciendo a todos. Nosotros, en el mundo del toro no podíamos ser una excepción; al margen de la expresión artística que cada cual podamos sentir, recuerda que es un negocio como otro cualquiera que, sin duda, está sometido a los vaivenes de la sociedad en que vivimos. -En tu persona, Luís, se produce la dicotomía siguiente; eres ídolo admirado en Colombia, tu país; allí toreas con todas las figuras del toreo de España y, llegas a España y no te los encuentras ni como espectadores. ¿Qué sensación tienes al respecto? Tienes razón. Me muevo en lo que llamaríamos como dos mundillos distintos dentro de la misma profesión. Sí, amigo, en Colombia me siento admirado y querido; no es que en España no me quieran, pero el planteamiento es distinto; allí, los toros me han permitido triunfar en repetidas ocasiones y, acá, las cosas son más complicadas. -Y tanto. Tienes que matar los “deshechos” que las figuras no quieren y, ciertamente, los toros de Ernesto González Caicedo de Cali, por ejemplo, no son los Palhas de Portugal, por citarte una ganadería muy dura. ¿Qué solución planteas ante este problema? Convicción. Si allí conquisté, acá llegará. Un torero no es reconocido en un país y odiado en otro; eso no ha sucedido nunca. Digamos que allí me acompañó mucho más la suerte; aquí la lucha es distinta, más dura, pero igualmente apasionante
-Estamos a mitad de la temporada y, según las estadísticas, apenas ha toreado. ¿Qué sucede, matador?
Es cierto que, como antes decíamos, estamos sujetos a las circunstancias, se montan menos festejos y eso nos atañe a todos; yo no podía ser una excepción. He toreado seis corridas de toros pero, amigo, me queda la dicha de saber que tengo varias ferias importantes, Dax, así como algunas plazas que, sin dudar, poco a poco, irán saliendo contratos; este mes de agosto, según la agenda, tendremos un mes importante. -Pienso, matador que, lidiar esas corridas durísimas debe ser verdaderamente apasionante a nivel personal; ver que han vencido en la batalla de cada tarde, eso debe proporcionar un regusto indescriptible pero, ¿crees que, al final, eso es reconocido por los aficionados? Si. Y la prueba no es otra que me siguen contratando gracias a mis éxitos, a esa entrega y disposición que pongo cada tarde pensando que el aficionado es merecedor de todo, por eso han pagado. -Claro que, lo ideal para nosotros, sería irnos en invierno a Colombia para disfrutarte en plenitud. Por cierto, ahora que hablamos de Colombia, Luís, qué pena que un alcalde dictador y caprichoso, Gustavo Petro, haya cerrado La Santa María de Bogotá, la plaza de tus inenarrables éxitos. ¿Qué sensación tienes al respecto? Como tú dices, me asola la pena; como aficionado ver esa plaza cerrada es tremendo; como profesional ya te puedes figurar, mi desdicha es infinita, tan grande como mi impotencia por no poder hacer nada. Allí indulté mi primer toro y, como decíamos he tenido triunfos fantásticos
Dentro de las corridas duras, las que sueles lidiar, ¿has salido alguna vez derrotado a alguna plaza sabedor de los toros que te habían tocado?
No. Y si me sintiera derrotado jamás haría el paseíllo. Otra cosa son los resultados que, a veces los toros se encargan de arrancarte, de forma momentánea, todas las ilusiones. Es cierto que, tras la batalla, ver que no has sacada nada positivo por culpa de los animales, eso decepciona, pero como se sabe, los toreros solo se nos asignan cinco minutos para la desesperación y la pena; pasado ese tiempo hay que seguir, renovar ilusiones y empezar de nuevo con las pilas cargadas para la siguiente actuación. -¿Qué sientes, Luís, cuando desde cualquier tendido, un aficionado te lanza una bandera colombiana? Una satisfacción muy grande; es como un recordatorio, como una bienvenida en España puesto que, me recuerdan mi ascendencia colombiana para admirarme entre ustedes. Colombia y España, España y Colombia, dos países amados a los que adoro sin condición. -Algo muy personal, Luís, ¿qué fue de Domingo Navarro, aquel magnífico profesional que iba a tus órdenes? A Domingo, como sabes se le conocía como “El Ángel de la Guarda” por sus enormes valores como torero y como hombre. Sospecho, aunque él nunca me lo confesara, que sus negocios le absorbían tanto tiempo que se le hacía imposible torear; él dice que le faltó afición; pero es un hombre tan responsable en todas las acciones de su vida que, si comprendía que sus negocios le requerían, es allí donde debería estar. Pero yo no descarto que, si un día, él entiende o planifica sus negocios y dispone de más tiempo, no me extrañaría verle reaparecer, sería un lujo para mi persona y, ante todo, para el toreo en sí.
-El próximo año, en Valencia en su feria de Julio, Luís, se cumplirán tus primeros diez años como matador de toros. ¿Es favorable el balance en estos años?
Si me olvido de aquella terrible cogida con la consiguiente cornada, seguro que sí. Es verdad que he sufrido más percances, pero aquel me marcó muchísimo; llegó, como decimos los toreros, muy a destiempo en todos los sentidos; en el plano físico y anímico. Se superó y, haber toreado casi quinientas corridas de toros en estos años no es un número sencillo; ya lo firmarían el noventa por ciento de los toreros. Aparentemente, visto bajo los ojos o el prisma de cualquier aficionado, como tú decías, hasta da la sensación de que estoy parado y, ya viste, un buen balance y, a mi entender con una buena hoja de servicios. -Y siempre frente al toro de verdad, el que enorgullece al propio matador y engrandece el corazón de los aficionados. ¿Verdad? Sí, como antes decíamos, las satisfacciones de cada cual son personales e intransferibles, por ende, gozadas en propia persona; y si como dices -y además es cierto- contentamos a los aficionados, no cabe dicha mayor. -¿A qué sabe el éxito, Luís? Es el refrendo de la unión de todos tus sentimientos que, explayados ante los demás, en este caso los aficionados, me dejan flotando de la emoción. Nosotros, como sabes, somos como los artistas del teatro, con la salvedad de que nos jugamos la vida, pero eso de sentir las emociones de los aficionados en directo, eso es lo más bello del mundo. Los vítores que nos entregan tras el éxito, eso no tiene precio; ahí se nos pasan todos los males y nos olvidamos de todos los sinsabores -¿Y el fracaso? FUENTE. OPINIONYTOROS. |